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  • Anabel Cervantes Alva

Ganar la pelea


Llegaste inoportuno

sin llamar a la puerta,

inesperado huésped

sin saberlo te hospedas.


Cabalgando a galope

por eternas veredas,

causas temor al otoño

con lenguas de fuego le asechas.


Arrebatar quieres

la sabiduría de mi pueblo,

robas los atardeceres

de nuestra mirada ciega.


Enmudeces la despedida

sin piedad ni clemencia,

usas oídos sordos

de quién su camino comienza.


Hoy nos regalas incierto

una pausa perpleja,

un decibel inarmónico

posible causa de la naturaleza.


Afuera,

florecen los valles;

adentro,

el violinista reza;

los cenzontles sonríen al viento,

el viento limpio

en las calles desiertas.


Merecido recreo

a nuestra madre tierra,

desea se perpetúen

los días de cuarentena.


Tan vacíos los templos,

negocios y escuelas,

como algunas almas

de fe y de quimeras.


El rico pobre

a sus cuentas se aferra;

el pobre rico

a su familia consuela.


Implacable enemigo

la batalla comienza,

por armamento vamos,

por víveres y proeza.


A cuidar de los nuestros

haciendo bien la tarea;

los campamentos listos,

la hibernación nos espera.




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