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  • Anabel Cervantes Alva

La manzana

Actualizado: ene 16

Él era como la manzana,

sabor que sacia y corazón que envenena;

anhelo sus caricias perversas de pasión arrebatada.


Sin preguntar feroz me poseía y sin poseerme me amaba;

su sed insaciable me arrastraba infinitamente a su deseo.


En mis noches vacías tejo en el telar de mis recuerdos

formas traviesas de su delirio en mí consumado.


Viril fuerza fugaz en mi cuerpo poseído,

coqueta sonrisa de seductor amuleto,

ojos tiernos de inocencia perdida;

nostalgia tengo de tus labios arrieros,

de las noches en vela bajo la luz del cielo.


Tus primeras caricias despertaron mi desenfreno,

un ímpetu implacable que cerca tuyo controlar no puedo.

Quiero apagar mis ansias ahogadas con tu enloquecido aliento;

quiero poder ser tuya como en aquel encuentro, bajo la luna llena

sobre el reflejo del viento, con delicadas caricias descifrando tu silencio.



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